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20 de marzo de 2023 Por J.M. Vinuesa 0

Charles Leclerc y el peligro de su «alesización»



Charles Leclerc en el transcurso de un Gran Premio de Fórmula 1

Charles Leclerc se encuentra al inicio de su quinto año pilotando para la Scuderia Ferrari. Un periodo largo o breve, según se mire, pero suficiente como para empezar a vislumbrar algunas grietas en la estabilidad de uno de los pilotos de mayor talento de su generación.

Cuando el 11 de septiembre de 2018, la Scuderia Ferrari hacía oficial la firma para el año siguiente de Charles Leclerc, la ilusión generada por el ascenso del piloto crecido en el seno de la Ferrari Driver Academy fue lógica y comprensible. Se estaba hablando de un piloto que venía de ser segundo en Macao en 2015, de ganar la GP3 en 2016, de vencer en la F2 en 2017, todo ello con una rotundidad impresionante. Y de debutar en Sauber en 2018 en la Fórmula 1, con buenas actuaciones y unos primeros puntos en Azerbayán con un magnífico sexto puesto en su cuarto GP. Ponía el Sauber donde seguramente no estaba y tuvo un año sólido con regularidad en los puntos.

Llegar a una Ferrari casi campeona del mundo en 2018 tanto en pilotos como en constructores, ganadora solvente y con un grupo humano ya consolidado desde 2015, parecía la realización de un cuento de hadas. El piloto de casa que llega a la cima. Y no tardó en surgir el apelativo, en italiano, de «El Predestinado». Leclerc como el hombre llamado por la historia a devolver el título mundial a Maranello, ante el fracaso y el súbito declive en 2019 de Sebastian Vettel.

En 2018 la Scuderia Ferrari anunció el fichaje de Charles Leclerc

Leclerc es el segundo piloto más joven en llevar un Ferrari oficial

Algunos, sin embargo, pusimos ciertos interrogantes a la ecuación. Y no precisamente por la calidad del piloto monegasco, sino por la propia idiosincrasia de la Scuderia Ferrari. ¿Era realmente lo mejor para Leclerc dar el salto tan inmediato a la primera línea de fuego? ¿No hubiera sido más adecuado un segundo año asentando su experiencia, madurando ciertos aspectos, antes de hacer recaer sobre un piloto el peso de la Scuderia? Porque no olvidemos que se trata del segundo piloto más joven en llevar un Ferrari oficial, con 21 años, sólo superado por el mexicano Ricardo Rodríguez, con 19. Por cierto, otro talento natural de gran dimensión que sólo la fatalidad nos privó de ver florecer. Pero la decisión estaba tomada desde inicios de ese 2018, por un Sergio Marchionne que no llegó a ver materializada su voluntad.

Permítanme que nos vayamos atrás en el tiempo, o el que escribe estas líneas no sería del todo él mismo. Situémonos el 15 de noviembre de 1990. Circuito de Fiorano, en un día soleado que iluminaba la sonrisa de un piloto vestido de rojo frente a un pelotón de periodistas que disparaban fotos y lanzaban preguntas a ese «italofrancés». Sí, era Jean Alesi, de raíces sicilianas pero francés. Era, justo antes de la llegada de Michael Schumacher en 1991 -entre otros-, el gran talento para el mundo del automovilismo. Un piloto que venía de debutar a mediados de 1989 y puntuando en su primer GP. De ganar la F3000 en 1989. De asombrar al mundo con un Tyrrell con potencial realizando actuaciones estrepitosas. Por ejemplo, la acontecida e nel GP de Estados Unidos en Phoenix contra Ayrton Senna.

Y llegaba a una Ferrari vencedora, casi campeona del mundo en pilotos y en constructores, con Alain Prost a bordo y con una estructura que se podría considerar estable en ese momento, con gente de probada solvencia en lo directivo (como Cesare Fiorio) y en lo técnico. Y aunque Jean había estado a punto de ir a la que sería la todopoderosa Williams, hay que admitir que la decisión final de ir a Ferrari ante la indecisión y tardanza de Frank Williams en activar el precontrato, ese día 15 de noviembre en Fiorano, no era una mala perspectiva. Era la realización de un cuento de hadas.

Jean Todt y Jean Alesi en el GP de Italia de Fórmula 1 de 1995

El Ferrari de Leclerc no le permitirá luchar por el título

¿Cómo la Scuderia Ferrari rompió a un talento como Jean Alesi? Bueno, hay que reconocer que Alesi también era excesivamente pasional e inestable, pero es que el descenso a los infiernos fue tan rápido como demoledor. La salida de Fiorio y el brutal despido de Prost en 1991, el terrible coche de 1992 -que por cierto también acabó con la carrera deportiva de otro prometedor piloto, Ivan Capelli-, ciertas luces en 1993 y el lento pero firme progreso en 1994 y 1995 con Jean Todt al mando son el rápido resumen de su paso por el equipo italiano. Pero deportivamente la Scuderia era una calamidad, con cambios de personal y una fiabilidad muy precaria. Las lágrimas de Jean Alesi en Monza 1994 o 1995 pueden resumir, por ser breve, el periplo del francés por el equipo.El amor fue mutuo y tan intenso que aún perdura, pero las derrotas arrasaron con todo. Tanto que, cuando el francés fichó por el vigente campeón del mundo para 1996, Benetton, sus resultados no mejoraron y no consiguió ya desplegar la promesa que ofrecía su carrera en el tan cercano, pero a la vez tan lejano, año de 1990.

Volvamos a la actualidad. En concreto, a la vuelta 39 del Gran Premio de Baréin de 2023. Charles Leclerc, rodando en una sólida tercera posición, se para al lado de la pista: un elemento de su unidad de potencia se ha roto, uno que además había sido puesto nuevo esa misma mañana. El rostro de Leclerc ante la prensa, el tono, el lenguaje corporal, denotan un agotamiento moral acusado. Ya no hay un claro y rutilante mensaje positivo. El SF-23 no es un monoplaza que le vaya a permitir luchar por el título, y adolece de problemas ya existentes en el modelo anterior: falta de fiabilidad y degradación excesiva.

Precisamente las primeras dosis de decepción para el monegasco con Ferrari fueron también en Baréin, pero en 2019. Ese día, desde su primera pole, Leclerc iba directo a lograr su primer triunfo en su segundo GP con la Scuderia -justo como había hecho su compañero de equipo Sebastian Vettel en 2015-. Todo estaba listo para la euforia desbocada cuando una bocanada de humo surgió de su parte trasera y perdió potencia. Un cilindro fallaba y acabó llegando tercero. Un rostro agridulce que se compensó por las hermosas victorias en Bélgica e Italia, en su primer año. Todavía estaba todo en su sitio.

Leclerc ganó el GP de Bahréin de Fórmula 1 de 2022

Leclerc arrancó la Temporada 2022 de F1 con una efímera victoria

Sin embargo, justo tras acabar la temporada 2018, hubo una tradicional guerra de poder en el seno de la Scuderia, encabezada por Mattia Binotto frente a Maurizio Arrivabene, el entonces director del equipo. La bicefalia se saldó con crisis y las tradicionales purgas con la salida de personal del organigrama. Tal crisis que el coche de 2019, pese a ser rapidísimo, no era un monoplaza capaz de plantar cara a los Mercedes-Benz. Cero opciones de campeonato. Un poco como en 1991, aunque ese año las victorias ni siquiera llegaron. Y desde ahí, la crisis del motor que se resolvió en una durísima bajada de prestaciones en 2020 que convirtió a Ferrari en un equipo al que a veces le costaba luchar por los puntos y que hizo 3 podios en todo el año. Vaya, como en 1992, en que se hicieron sólo 2 podios.

En ese tiempo, Leclerc miraba con proyección de futuro a Ferrari. Era (y es) joven, el equipo estaba reorganizándose, creando algo para el cambio normativo de 2022 y llegó un nuevo piloto con juventud y solidez, Carlos Sainz. Pero 2021 lo que vio fue el ascenso fulgurante de Max Verstappen a la cima del automovilismo mundial, con su vibrante disputa con Lewis Hamilton. Leclerc, llamado casi por derecho natural a enfrentarse a Verstappen, no sólo no ganó ninguna carrera, sino que sólo logró un podio frente a los cuatro de su compañero. Hay muchos condicionantes en esos resultados, pero la realidad final es que se vio superado.

Pero el equipo estaba creciendo. Trabajando. La eterna promesa de Maranello de que «este año sí». Y 2022 comenzó de forma tan positiva que parecía real. Tras tres carreras, Leclerc tenía dos victorias y un segundo puesto, era líder con 71 puntos y 34 de ventaja al segundo -46 a Max Verstappen-. Todo parecía por fin en su sitio. Pero cuesta creer que la siguiente victoria no llegaría hasta 8 carreras después, en Austria, y que sería la última La fiabilidad del coche era un desastre, ciertas decisiones del equipo cuestionables. No había liderazgo ni rumbo. Binotto jugaba a ser el buen gestor que no era, a sostener la igualdad que quizás no debía ser y a no volcarse plenamente en un año en el que el coche había nacido con una base sólida. Todo el 2022 acabó siendo una pesadilla y una bajada de rendimiento que a duras penas pudo permitir conservar los subcampeonatos en ambas clasificaciones.

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Y quizás el momento en el que Leclerc mostró que se estaba rompiendo fue justo tras Austria, en el Gran Premio de Francia, con aquél abandono por un error propio y ese desgarrado grito que heló la sangre de cualquier persona que estuviera viendo la carrera en directo. Un prolongado «no» que condensaba un peregrinaje duro hasta ese momento y especialmente una frustración agravada al ver cómo el mundial se diluía definitivamente. Ese es el punto clave del peligro de ruptura que está afrontando Leclerc.

«No merezco ser campeón si no estoy a la altura». Declaraciones de Charles Leclerc tras su accidente en el GP de Francia de Fórmula 1 de 2022

Que el monegasco es uno de los pilotos con más talento de la parrilla no debería ni cuestionarse. Su elegancia al volante, su contrastada velocidad a una vuelta y su valentía en las luchas cuerpo a cuerpo lo convierten en uno de los más excitantes de ver hoy en día, y posiblemente el único a la altura de Max Verstappen. Pero se está enfrentando, al contrario que el holandés, al reto de soportar el peso de toda la Scuderia, algo que también soportaron otros como Vettel o Alonso, sin éxito final. Mientras en Arabia Saudi, Leclerc afrontaba ya una sanción de diez posiciones, Verstappen, pese a la rotura de un palier en clasificación que le dejaba muy retrasado en la clasificación, se mostraba relajado y confiado ante la prensa. Fresco, sereno. Sabedor de que es un problema puntual.

Y no sólo es la falta de rendimiento en Ferrari, sino que ahora ha habido más cambios y más purgas. Seguramente necesarias, pero la perspectiva en Ferrari es la del futuro a largo plazo y la de la reconstrucción. Eso supone tiempo, que es justo lo que Charles Leclerc dijo no querer esperar en su voluntad de poder luchar desde 2023. Su contrato, de hecho, vence en 2024. ¿Realmente estará con los de Maranello más allá de entonces? Ahora mismo no hay huecos en equipos punteros que estén libres, por lo que la salida del equipo tampoco se antoja sencilla.

La Scuderia Ferrari en el GP de Arabia Saudí de Fórmula 1 de 2023

El contrato de Leclerc con Ferrari vence en 2024, ¿se le acaba el tiempo?

Pero aparte del progresivo desgaste emocional del piloto, está la cuestión de si alguien tan joven, ahora mismo 25 años, es capaz de liderar una institución tan compleja como la Scuderia Ferrari.Su devoción por el equipo parece sincera y viene, como es de suponer, desde mucho atrás. Su deseo de ganar con los del color «rosso corsa» lo manifiesta recurrentemente. Y ha demostrado en el pasado momentos de fortaleza mental extraordinaria. Pocos días después de perder a su padre en junio de 2017, hizo la pole y ganó en la carrera de F2 de Azerbayán, algo que recordó a lo ocurrido con Michael Schumacher en abril de 2003 con el GP de San Marino. Y ese hecho, como él reconoce, le cambió y le hizo madurar con solo 19 años.

Pero mientras otros pilotos como Max Verstappen se centran sólo en el pilotaje, ante la organización bien engrasada de su equipo, Leclerc tiene que lidiar con un espectro más amplio de cuestiones que exceden del pilotaje. Algo que también vimos en tiempos de Vettel o de Alonso, que acabaron agotados. La desorganización en Ferrari es recurrente y pese a la llegada de Fréderic Vasseur -que muchos califican de gesto de la cúpula hacia su hijo predilecto- la crisis es constante y la reorganización a acometer, profunda. La actual temporada no augura buenos resultados, más aún con el ascenso de otros protagonistas como Aston Martin.

¿Tendrá Charles Leclerc la fortaleza para resistir todo el tiempo necesario hasta juntar todas las piezas para lograr un título con Ferrari? Michael Schumacher tuvo que soportar hasta su quinto año en la Scuderia, un tiempo en que hubo dudas mutuas, pero también confianza. Durante ese tiempo, el «Saturno que devora a sus hijos» que es Ferrari quedó durmiente. Pero se despertó justo tras eso. El tiempo para que Ferrari esté al nivel de Red Bull es ahora mismo indefinido. Y mientras tanto, la maquinaria va exprimiendo y agotando talentos. El riesgo de «alesización» de Charles Leclerc está cada vez más próximo y eso sería una lástima para cualquier amante del automovilismo.

Charles Leclerc en el transcurso de un Gran Premio de Fórmula 1Charles Leclerc se encuentra al inicio de su quinto año pilotando para la Scuderia Ferrari. Un periodo largo o breve, según se mire, pero suficiente como para empezar a vislumbrar algunas grietas en la estabilidad de uno de los pilotos de mayor talento de su generación.Cuando el 11 de septiembre de 2018, la Scuderia Ferrari hacía oficial la firma para el año siguiente de Charles Leclerc, la ilusión generada por el ascenso del piloto crecido en el seno de la Ferrari Driver Academy fue lógica y comprensible. Se estaba hablando de un piloto que venía de ser segundo en Macao en 2015, de ganar la GP3 en 2016, de vencer en la F2 en 2017, todo ello con una rotundidad impresionante. Y de debutar en Sauber en 2018 en la Fórmula 1, con buenas actuaciones y unos primeros puntos en Azerbayán con un magnífico sexto puesto en su cuarto GP. Ponía el Sauber donde seguramente no estaba y tuvo un año sólido con regularidad en los puntos.Llegar a una Ferrari casi campeona del mundo en 2018 tanto en pilotos como en constructores, ganadora solvente y con un grupo humano ya consolidado desde 2015, parecía la realización de un cuento de hadas. El piloto de casa que llega a la cima. Y no tardó en surgir el apelativo, en italiano, de «El Predestinado». Leclerc como el hombre llamado por la historia a devolver el título mundial a Maranello, ante el fracaso y el súbito declive en 2019 de Sebastian Vettel.En 2018 la Scuderia Ferrari anunció el fichaje de Charles Leclerc Leclerc es el segundo piloto más joven en llevar un Ferrari oficialAlgunos, sin embargo, pusimos ciertos interrogantes a la ecuación. Y no precisamente por la calidad del piloto monegasco, sino por la propia idiosincrasia de la Scuderia Ferrari. ¿Era realmente lo mejor para Leclerc dar el salto tan inmediato a la primera línea de fuego? ¿No hubiera sido más adecuado un segundo año asentando su experiencia, madurando ciertos aspectos, antes de hacer recaer sobre un piloto el peso de la Scuderia? Porque no olvidemos que se trata del segundo piloto más joven en llevar un Ferrari oficial, con 21 años, sólo superado por el mexicano Ricardo Rodríguez, con 19. Por cierto, otro talento natural de gran dimensión que sólo la fatalidad nos privó de ver florecer. Pero la decisión estaba tomada desde inicios de ese 2018, por un Sergio Marchionne que no llegó a ver materializada su voluntad.Permítanme que nos vayamos atrás en el tiempo, o el que escribe estas líneas no sería del todo él mismo. Situémonos el 15 de noviembre de 1990. Circuito de Fiorano, en un día soleado que iluminaba la sonrisa de un piloto vestido de rojo frente a un pelotón de periodistas que disparaban fotos y lanzaban preguntas a ese «italofrancés». Sí, era Jean Alesi, de raíces sicilianas pero francés. Era, justo antes de la llegada de Michael Schumacher en 1991 -entre otros-, el gran talento para el mundo del automovilismo. Un piloto que venía de debutar a mediados de 1989 y puntuando en su primer GP. De ganar la F3000 en 1989. De asombrar al mundo con un Tyrrell con potencial realizando actuaciones estrepitosas. Por ejemplo, la acontecida e nel GP de Estados Unidos en Phoenix contra Ayrton Senna.Y llegaba a una Ferrari vencedora, casi campeona del mundo en pilotos y en constructores, con Alain Prost a bordo y con una estructura que se podría considerar estable en ese momento, con gente de probada solvencia en lo directivo (como Cesare Fiorio) y en lo técnico. Y aunque Jean había estado a punto de ir a la que sería la todopoderosa Williams, hay que admitir que la decisión final de ir a Ferrari ante la indecisión y tardanza de Frank Williams en activar el precontrato, ese día 15 de noviembre en Fiorano, no era una mala perspectiva. Era la realización de un cuento de hadas.Jean Todt y Jean Alesi en el GP de Italia de Fórmula 1 de 1995El Ferrari de Leclerc no le permitirá luchar por el título¿Cómo la Scuderia Ferrari rompió a un talento como Jean Alesi? Bueno, hay que reconocer que Alesi también era excesivamente pasional e inestable, pero es que el descenso a los infiernos fue tan rápido como demoledor. La salida de Fiorio y el brutal despido de Prost en 1991, el terrible coche de 1992 -que por cierto también acabó con la carrera deportiva de otro prometedor piloto, Ivan Capelli-, ciertas luces en 1993 y el lento pero firme progreso en 1994 y 1995 con Jean Todt al mando son el rápido resumen de su paso por el equipo italiano. Pero deportivamente la Scuderia era una calamidad, con cambios de personal y una fiabilidad muy precaria. Las lágrimas de Jean Alesi en Monza 1994 o 1995 pueden resumir, por ser breve, el periplo del francés por el equipo.El amor fue mutuo y tan intenso que aún perdura, pero las derrotas arrasaron con todo. Tanto que, cuando el francés fichó por el vigente campeón del mundo para 1996, Benetton, sus resultados no mejoraron y no consiguió ya desplegar la promesa que ofrecía su carrera en el tan cercano, pero a la vez tan lejano, año de 1990.Volvamos a la actualidad. En concreto, a la vuelta 39 del Gran Premio de Baréin de 2023. Charles Leclerc, rodando en una sólida tercera posición, se para al lado de la pista: un elemento de su unidad de potencia se ha roto, uno que además había sido puesto nuevo esa misma mañana. El rostro de Leclerc ante la prensa, el tono, el lenguaje corporal, denotan un agotamiento moral acusado. Ya no hay un claro y rutilante mensaje positivo. El SF-23 no es un monoplaza que le vaya a permitir luchar por el título, y adolece de problemas ya existentes en el modelo anterior: falta de fiabilidad y degradación excesiva.Precisamente las primeras dosis de decepción para el monegasco con Ferrari fueron también en Baréin, pero en 2019. Ese día, desde su primera pole, Leclerc iba directo a lograr su primer triunfo en su segundo GP con la Scuderia -justo como había hecho su compañero de equipo Sebastian Vettel en 2015-. Todo estaba listo para la euforia desbocada cuando una bocanada de humo surgió de su parte trasera y perdió potencia. Un cilindro fallaba y acabó llegando tercero. Un rostro agridulce que se compensó por las hermosas victorias en Bélgica e Italia, en su primer año. Todavía estaba todo en su sitio.Leclerc ganó el GP de Bahréin de Fórmula 1 de 2022Leclerc arrancó la Temporada 2022 de F1 con una efímera victoriaSin embargo, justo tras acabar la temporada 2018, hubo una tradicional guerra de poder en el seno de la Scuderia, encabezada por Mattia Binotto frente a Maurizio Arrivabene, el entonces director del equipo. La bicefalia se saldó con crisis y las tradicionales purgas con la salida de personal del organigrama. Tal crisis que el coche de 2019, pese a ser rapidísimo, no era un monoplaza capaz de plantar cara a los Mercedes-Benz. Cero opciones de campeonato. Un poco como en 1991, aunque ese año las victorias ni siquiera llegaron. Y desde ahí, la crisis del motor que se resolvió en una durísima bajada de prestaciones en 2020 que convirtió a Ferrari en un equipo al que a veces le costaba luchar por los puntos y que hizo 3 podios en todo el año. Vaya, como en 1992, en que se hicieron sólo 2 podios. En ese tiempo, Leclerc miraba con proyección de futuro a Ferrari. Era (y es) joven, el equipo estaba reorganizándose, creando algo para el cambio normativo de 2022 y llegó un nuevo piloto con juventud y solidez, Carlos Sainz. Pero 2021 lo que vio fue el ascenso fulgurante de Max Verstappen a la cima del automovilismo mundial, con su vibrante disputa con Lewis Hamilton. Leclerc, llamado casi por derecho natural a enfrentarse a Verstappen, no sólo no ganó ninguna carrera, sino que sólo logró un podio frente a los cuatro de su compañero. Hay muchos condicionantes en esos resultados, pero la realidad final es que se vio superado.Pero el equipo estaba creciendo. Trabajando. La eterna promesa de Maranello de que «este año sí». Y 2022 comenzó de forma tan positiva que parecía real. Tras tres carreras, Leclerc tenía dos victorias y un segundo puesto, era líder con 71 puntos y 34 de ventaja al segundo -46 a Max Verstappen-. Todo parecía por fin en su sitio. Pero cuesta creer que la siguiente victoria no llegaría hasta 8 carreras después, en Austria, y que sería la última La fiabilidad del coche era un desastre, ciertas decisiones del equipo cuestionables. No había liderazgo ni rumbo. Binotto jugaba a ser el buen gestor que no era, a sostener la igualdad que quizás no debía ser y a no volcarse plenamente en un año en el que el coche había nacido con una base sólida. Todo el 2022 acabó siendo una pesadilla y una bajada de rendimiento que a duras penas pudo permitir conservar los subcampeonatos en ambas clasificaciones.
Cargando tweet…
1551200666529411073

Y quizás el momento en el que Leclerc mostró que se estaba rompiendo fue justo tras Austria, en el Gran Premio de Francia, con aquél abandono por un error propio y ese desgarrado grito que heló la sangre de cualquier persona que estuviera viendo la carrera en directo. Un prolongado «no» que condensaba un peregrinaje duro hasta ese momento y especialmente una frustración agravada al ver cómo el mundial se diluía definitivamente. Ese es el punto clave del peligro de ruptura que está afrontando Leclerc.«No merezco ser campeón si no estoy a la altura». Declaraciones de Charles Leclerc tras su accidente en el GP de Francia de Fórmula 1 de 2022Que el monegasco es uno de los pilotos con más talento de la parrilla no debería ni cuestionarse. Su elegancia al volante, su contrastada velocidad a una vuelta y su valentía en las luchas cuerpo a cuerpo lo convierten en uno de los más excitantes de ver hoy en día, y posiblemente el único a la altura de Max Verstappen. Pero se está enfrentando, al contrario que el holandés, al reto de soportar el peso de toda la Scuderia, algo que también soportaron otros como Vettel o Alonso, sin éxito final. Mientras en Arabia Saudi, Leclerc afrontaba ya una sanción de diez posiciones, Verstappen, pese a la rotura de un palier en clasificación que le dejaba muy retrasado en la clasificación, se mostraba relajado y confiado ante la prensa. Fresco, sereno. Sabedor de que es un problema puntual.Y no sólo es la falta de rendimiento en Ferrari, sino que ahora ha habido más cambios y más purgas. Seguramente necesarias, pero la perspectiva en Ferrari es la del futuro a largo plazo y la de la reconstrucción. Eso supone tiempo, que es justo lo que Charles Leclerc dijo no querer esperar en su voluntad de poder luchar desde 2023. Su contrato, de hecho, vence en 2024. ¿Realmente estará con los de Maranello más allá de entonces? Ahora mismo no hay huecos en equipos punteros que estén libres, por lo que la salida del equipo tampoco se antoja sencilla.La Scuderia Ferrari en el GP de Arabia Saudí de Fórmula 1 de 2023El contrato de Leclerc con Ferrari vence en 2024, ¿se le acaba el tiempo?Pero aparte del progresivo desgaste emocional del piloto, está la cuestión de si alguien tan joven, ahora mismo 25 años, es capaz de liderar una institución tan compleja como la Scuderia Ferrari.Su devoción por el equipo parece sincera y viene, como es de suponer, desde mucho atrás. Su deseo de ganar con los del color «rosso corsa» lo manifiesta recurrentemente. Y ha demostrado en el pasado momentos de fortaleza mental extraordinaria. Pocos días después de perder a su padre en junio de 2017, hizo la pole y ganó en la carrera de F2 de Azerbayán, algo que recordó a lo ocurrido con Michael Schumacher en abril de 2003 con el GP de San Marino. Y ese hecho, como él reconoce, le cambió y le hizo madurar con solo 19 años.Pero mientras otros pilotos como Max Verstappen se centran sólo en el pilotaje, ante la organización bien engrasada de su equipo, Leclerc tiene que lidiar con un espectro más amplio de cuestiones que exceden del pilotaje. Algo que también vimos en tiempos de Vettel o de Alonso, que acabaron agotados. La desorganización en Ferrari es recurrente y pese a la llegada de Fréderic Vasseur -que muchos califican de gesto de la cúpula hacia su hijo predilecto- la crisis es constante y la reorganización a acometer, profunda. La actual temporada no augura buenos resultados, más aún con el ascenso de otros protagonistas como Aston Martin. ¿Tendrá Charles Leclerc la fortaleza para resistir todo el tiempo necesario hasta juntar todas las piezas para lograr un título con Ferrari? Michael Schumacher tuvo que soportar hasta su quinto año en la Scuderia, un tiempo en que hubo dudas mutuas, pero también confianza. Durante ese tiempo, el «Saturno que devora a sus hijos» que es Ferrari quedó durmiente. Pero se despertó justo tras eso. El tiempo para que Ferrari esté al nivel de Red Bull es ahora mismo indefinido. Y mientras tanto, la maquinaria va exprimiendo y agotando talentos. El riesgo de «alesización» de Charles Leclerc está cada vez más próximo y eso sería una lástima para cualquier amante del automovilismo. (FUENTE ORIGINAL a un solo click en) —-> Leer más (publicado gracias a) —-> Motor.es